Ven el cielo nocturno como la simple oscuridad que los cubre,
yo veo más allá de aquel paisaje tan banal,
veo el tóxico pasado, el extraño presente y un inestable futuro.
Me asquean las estrellas,
el solo pensamiento de que dos de ellas brillan más,
se clava en los intestinos y envenena mis sentidos.
Si bien la Luna tiene muchas caras,
siempre ha sido sincera en lo que respecta a su propio ser,
y a pesar de que las flores marchiten sin la presencia del sol, podía seguir.
Por eso se pregunta cada noche,
al mostrarse tal como es,
¿Vale la pena brillar de aquel extraño modo?
El relicario de plata, aquel que tiene tan presente mantenerse allí,
le hace dudar, pues su silueta parece desbordar un brillo inalcanzable,
la envidia se agolpa en sus palabras,
quiere aquello que no puede tener.
Querer devorar todo,
hacerse uno con la presa,
volcar las devociones al deseo más brillante,
que los susurros que no dicen nada a la vez dejan entrever mucho,
grúñele hoy al destino,
que mañana es muy tarde.