Quise hablar de la verdad cuando de ella poco se habla,
aún cuando los sentidos estaban adormecidos y mi valentía brillaba por su ausencia,
tuve una revelación desde lo más profundo de mi conciencia.
A veces decir la verdad puede sanarte, liberarte y ayudarte,
pero hay verdades que también te hieren, te atrapan y pueden destruir todo.
Se me enredó la lengua y la mente,
un dolor punzante en el pecho me dijo que no y me faltó el aliento.
La luz fría de la luna me miraba desde la ventana,
se separó mi alma de mi cuerpo y una extraña voz volvió a repetirme que no.
¿Quién soy yo para dejar correr mis deseos así? no lo tengo permitido.
Bajo mi manga el as vibro constante,
dejándome entrever un poco de su verdad.
La que nunca es absoluta,
está su verdad,
está mi verdad,
y no hablo de la nuestra,
porque no existe un nosotros.
Quizás en un futuro,
en un momento,
una estación,
un segundo,
que se va...