Hoy pude llorar.
Mis ojitos al fin pudieron dejar caer lágrimas
después de semanas en piloto automático.
Lloro por mí,
simplemente por mí.
Porque permití que me pasaran a llevar tantas veces,
porque permití que aquello que creía importante
me destrozara una y otra vez.
Estoy soltando, de a poquito,
todo el veneno.
Y estoy siendo recompensada
con mucho más de lo que merezco.
Mis ojos hoy miran otros ojos,
otra sonrisa,
toman otra mano
y besan otros labios.
Hoy soy más fuerte,
más sabia,
me conozco más
y sé por lo que no quiero volver a pasar.
Veo una Alex tierna,
una Alex que mira con ojitos de amor,
una Alex que ríe y habla sin parar,
una Alex que tira chistes
y que se pone nuevamente nerviosa
con miradas y coqueteos.
Pude haberme vuelto rencorosa,
vengativa, fría,
muy mala.
Pero no,
no soy así.
Vuelvo a mirar el mundo
con ojitos soñadores,
porque allá afuera
hay mucho amor para mí...