Luego los ojos de los bomberos, el rostro de mi padre y la sonrisa de mi hermana con los ojos llorosos diciéndome que todo iba a estar bien.
Tuve tanto dolor, tanto miedo, que momentáneamente creí que si me dormía se terminaba todo.
Curioso como hoy escribo de esto, desde la comodidad de mi cama, después de estar hospitalizada.
Se me van a seguir repitiendo aquellas imágenes un tiempo.
A pesar de los dientes chuecos, de la nariz hinchada, de la pelvis fracturada, de mis rodillas magulladas y un cuerpo porfiado que a veces no responde.
Estoy viva, sobreviví, y por sobre todo, sobreviví a mi propia mente que en un momento lleno de dolor, solo quería dormir...
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