Cuando llegó la último carta,
supe entonces que era la señal.
Cuando la pregunta fue proferida por última vez,
sus ojos se mostraron intrigados por mi frialdad,
recorrieron todo la senda del pasado,
y me reí,
pretendiendo siempre,
aún cuando éramos los peores actores, ridiculez.
Ese día era la última oportunidad para hacer lo correcto,
ni un minuto más, ni uno menos, sólo una oportunidad.
Cuando vinieron a por mi,
y las palabras no pudieron ser liberadas,
cuando ya no existía la valentía de mirar a nadie,
ni para poder pedir ayuda,
cuando vi mis alas rotas,
y las plumas cayeron una a una en la inmensidad ,
supe que todo ese tiempo,
alguien se reía detrás de ese manto de fuego.
Y finalmente, cuando me llevaron,
supe que el miedo no era la última parada,
supe que yo también sabía el trayecto,
supe que,
la aflicción lenta del dolor en el pecho,
y vivir con una herida abierta serían un recordatorio,
y un castigo,
y no podría escapar,
hasta saldar deudas...
Pero a los recuerdos me aferraré,
a la memoria,
y a los sueños.