12 ago 2020

Signos

El océano vivaz con su ir y venir interminable,
trae algunos castigos y otros tantos arrepentimientos.
Prefería quedarme sorda a sus susurros,
ciega a sus signos,
muda a sus ataques,
quería aprender de todo aquello,
de aquel sentimiento de sentirme muerta en vida.

Fui viento y sin embargo,
consumida por el fuego,
no podía ser más que llamaradas encadenadas.

Solía cansarme pronto de las melodías dulces,
fui siempre canción sin letras, sin baile, sin ton ni son,
así que de conciertos completos no sé mucho.
Y de los instrumentos que sabía tocar,
se desafinaron y me hirieron en los tímpanos,
dejando un sonido eterno, 
recuerdo de su voz de plata.

Fui fuego y sin embargo,
consumida por el agua,
no podía ser más que cenizas que volaban.

Y entre puzzles y encrucijadas,
no podía pensar en ninguna solución,
el emisor mentía,
el receptor mentía,
les daba tanto miedo la verdad,
que preferían aguantar el infierno y quemarse,
a enfrentarse a esa cruda existencia.

Fui agua y sin embargo,
al tocar la tierra y ser consumida por su crudeza,
no podía seguir fluyendo, 
me quedé estancada ahí.

Por lo que sé que,
debo abrir los ojos,
debo abrir la boca,
debo escuchar otra vez,
y empezar de nuevo.

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