Una vez le dije al Yerkito llorando, que creía que el dolor no se iba a ir nunca, que se quedaría acompañándome, recordándome todo una y otra vez.
Ya no recuerdo el dolor.
Y no solo hubo una Alex dolida, triste y sin siquiera poder respirar, pensando en el poco valor que tenía, pensando en cómo había significado tan poco, en cómo se sentía sucia y usada.
También hubo una Alex rencorosa, llena de odio que quería dejar la cagá. Gritar e imprimir folletos, pintar paredes, reventar ruedas de autos y cuanta tontera se le ocurriera para sacarse la rabia de encima. Porque también su ego herido se lo pedía. Pero esa Alex nunca fue lo suficientemente fuerte como para ganarle a todas las demás.
Y a la vez existió una Alex que no entendía. Sabía las cosas que había hecho mal, sabía lo que era, lo que tenía y lo que no. Pero ¿por qué no se quedó conmigo?, se preguntaba. ¿Por qué no seguimos intentando? ¿Por qué fui reducida a un banco? ¿A un prestamista? ¿A un juguete?
Creía que juntos hubieran podido con todo. Que ella hubiera podido cargar cualquier peso en su mochila. Que incluso lo hubiera protegido y cuidado de todo, porque su amor era más grande y hubiera podido con cualquier deuda y con cualquier dolor.
Pero estaba equivocada. Porque no puedes arreglar a quien no quiere cambiar. Porque la paciencia no puede con las faltas de respeto. Porque darlo todo no garantiza que te elijan. Y porque cuando ya eres mayor, tus traumas, trancas y todo lo que venga, no justifican tu actuar.
Y entonces apareció otra Alex. Una más tranquila, la voz de la razón. Una que ya no necesitaba respuestas para seguir adelante. Una que dejó de preguntarse los por qué y comenzó a cuidarse nuevamente. Una que entendió que perdió mucha energía y que incluso se perdió a sí misma por un tiempo.
Y cuando por fin volvió a encontrarse, pensó en algo curioso:
Van a pasar mil cosas en la vida. Van a venir mil personas más. Va a llegar más dinero, más anécdotas, más humor negro (aunque shockeante), más de todo.
Y elijo recibirlo con los brazos abiertos. Y sabiendo que todos esos clichés de "soy más fuerte hoy", de "me elegí a mí misma", de todas las tonteras habidas y por haber, son reales.
Voy a seguir escribiendo sobre él, quizás. Voy a seguir documentando el proceso, claro que sí. Voy a seguir escuchando musiquita y perdiéndome entre el pasado y el futuro, también. Pero un día voy a mirar hacia atrás y voy a decir: Oh Wow, esquivé una bala.
A punta de escritos. A punta de poemas. A punta de firmas. Y de muchas otras cosas.
Pero fui real conmigo. Y fui real con otros.
No busqué hacer daño (a menos que me sacaran demasiado de las casillas) y actué conforme a mis valores, a lo que creía correcto. Me protegí a mí. Y protegí a otros. No quiero más proyectos, no más perros callejeros a los que alimentar, no más niños a los que maternar, es suficiente.
Ahora viene la parte más difícil. Pero sé que no estoy solita y voy hacia adelante, siempre hacia adelante.