el cantar de los inocentes mientras retorno a casa hacen un eco molesto en mis oídos,
llaman mi nombre y retuercen mi alma.
Mi voluntad enterrada bajo tres mil bloques,
la dosis fatal de palabras tiritando entre mis labios,
unas lágrimas curiosas que se escapan mientras le observo
y el dolor que me dio a probar instándome a hacerlo.
Pero unos ojitos brillantes me distraen,
las palabras dulces que llenan mi alma,
lo que me dio no lo puedo olvidar,
esas tardes me dieron vida.
Sé que si gritara, correría a mi lado,
sé que si le pido el mar, me lo traería a su modo,
y sé que si le pido la Luna, me llevaría hasta ella.
¿Por qué no puedo dar un paso adelante?
¿Tengo miedo?
Recuerdo los primeros días de ese mes,
me dijo cosas que solo yo podía oír y me reí.
No quiero otro invierno doloroso,
quiero ver primaveras,
y hacer de cada día un verano.
El tiempo intenta curar mis heridas,
y reza porque yo me decida.
Cuando tome la decisión, será la definitiva,
lo sabes bien, la luna nunca se equivoca.
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