Entre otras mareas encontré mi luz,
y aunque un poco difusa e incandescente,
con algún tipo de vacío existencial,
se toma su tiempo para hacerme brillar.
Como si fuera a llegar con aquellas luces de cristal,
creo que nuestro abismo es demasiado real,
que nuestra existencia puede volverse eterna,
porque un miedo reticente hacia la muerte hace dudar.
Las palabras calan en lo hondo de mi memoria,
donde todo parece hacer click y tener sentido,
él tomó la pastilla azul y yo la roja,
nos adentramos en la matrix con las pupilas dilatadas.
Algo que siempre ha estado ahí titilando,
se nos retuerce en el alma, errante de buscar respuestas,
nos perdemos mientras rozamos un bucle,
me rio y se ríe, no tengo tanto miedo.
Pero lo tuve por un momento, al ver las sombras temí,
pero nuevamente encontré el camino perfecto para distraerme,
donde su sonido era pacifico y de mi ser nacía una estrella intermitente,
la única que he tenido, la que le regalé el otro día con cariño.

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