Casi me olvidé de mis sueños,
de lo que yo quería,
de lo que yo valía.
Fui tan frágil que al caer me perdí otra vez.
Pero olvidé ese sentimiento de arrepentimiento,
aquel que quería tener presente,
en el que esperaba aferrar mis miedos,
para finalmente lograr el propósito.
Bien se sabe que soñar es gratis
que aunque nada ha cambiado,
esos sueños pueden pesar en el fondo del alma,
hundiendo el ser consciente, al mundo oscuro.
Con palabras tan simples, eres capaz de romper el papel,
de rendir las esperanzas a la humedad de la desesperación.
Cuando escapas pierdes, cuando lo enfrentas duele,
deberías recapacitar.
Para brillar a veces debemos dejar atrás aquello que nos opaca.
¿Sabes lo que hay dentro de la caja?
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