Clavas las uñas en el cuello y acortas la respiración,
sofocas al ser hasta el punto en que la vista se le nubla,
las lágrimas caen apresuradas por sus mejillas,
y al estar casi al borde de la inconsciencia, sueltas el agarre.
Cualquier situación, envuelta en las mismas pistas,
llevan al pensamiento a confundirse,
a tocar las rosas con las afiladas espinas,
y a obsesionarse dolorosamente con la luz de las estrellas.
En definitiva la luna no se equivocó del todo,
pero a veces las esperanzas agarran cierta importancia cuando los ojos correctos alzan la vista,
y debería ser así, aunque volvieras a clavar las uñas.
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