Tengo tormentas,
tormentas enfrascadas
que se me aprietan en los dientes y en el alma me pesan kilos.
Y me caigo al suelo y las golondrinas no me pueden ayudar,
y me ahogo en ese pensar, en ese resentimiento de mierda.
Me envenena de igual forma esa fobia maldita,
y me apuñala ese saber que nunca va a ser lo que yo quería,
que me quiebra la verdad de todo,
mi discurso poético,
mi duelo que se convirtió en mi hogar,
todo mi mundo imaginario...
Pero lo sé, lo sé bien, sé la verdad,
sé que siempre pierdo yo,
siempre pierdo yo...

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