En mis memorias solía demonizar cada una de las palabras,
junto con las cuerdas rotas y las tonadas desafinadas.
También aprendí a susurrar al viento mis deseos,
tan efímeros como poco realistas,
creí que uno a uno se alejarían.
Sin embargo, han corrompido mis creencias,
y perturbado mi paz interior.
Dándome a entender que no hay tanta humanidad en esto como creía,
condénenme ahora,
que en mis pensamientos ya estoy pecando.
Una vez creí que podría encontrar rastros de su perdida mortalidad,
pero incluso el dejarle arder en el infierno no ha sido suficiente para humanizarle.
De todos modos,
la traición debajo de las sombras
que yacen ocultas bajo las almohadas al dormir,
que yacen ocultas bajo las almohadas al dormir,
no lo van a dejar tranquilo.
La luna ya lanzó su maldición,
ni el sol lo va a salvar,
no va a quedar nada,
excepto trazos de su último viaje.

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