19 oct 2017

Me rio pero no escucho

Miré la espalda del anciano mientras caminaba sostenido por su bastón, empuje mis pasos tras de los de él. Su abrigo negro se movía con el viento y su gorro de copa lo cubría de la luz pálida de las nubes. El viento me hacía tambalear y no le podía seguir el paso. Además, el viento dañaba mis ojos, impidiéndome verle con claridad. 
Me hablaba entonces de mi propia niñez, envuelta en soledad, casi tan solitaria como mi actualidad. Le dije que no había estado sola, que muchos estaban a mi alrededor. Ante mi respuesta se puso a reír, claro, puedes estar rodeado de miles de personas y sentirte solo igual. ¿Acaso escuchas? ¿Acaso ellos te escuchan? ¿Acaso el universo te escucha? ¿Tu Dios quizás?
Me puse a reír, claro, yo tampoco escuchaba a nadie. Estábamos solos pero haciéndonos compañía, no existía nada más que nuestros propios pensamientos. De pronto no vi nada, no lo vi frente a mí, me desesperé y una risa se escuchó a lo lejos. Había desaparecido...

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