30 oct 2017

Tocando el cielo en los altares

La pequeña galleta de la fortuna,
aquella que te decía, el destino te miente Alex,
busca tu propio camino y sal adelante.

El ambiguo camino que entonces elegiste,
aquel en el que dejaste de dudar de tus temblorosos pasos,
estaban todos de pie, 
frente a ti y le diste la espalda a sus prejuicios.

El deseo de bailar libre en la noche,
aquellas canciones emocionantes que te trajeron de vuelta a la vida,
que estuvieron todo el tiempo sonando al fondo, 
aún cuando tu estabas sorda de tanto sintetizador.

El inglés al que te acostumbraste, 
aquel que empezaste a amar, 
las frases en Spanglish que te salen sin darte cuenta,
que cuando le hiciste reír hablando como mexicano, comenzaste a adorar.

La hermosa familia que nunca te dejó de lado,
que te paro cuántas veces caíste,
que olvidaste con las penas, 
que la familia era lo primero.

Poco a poco, empezaste a quererte,
aquellos días en que nunca pensabas en ti quedaron atrás,
has crecido lo suficiente como para saber, 
que ya no te pueden volver a herir.

Los dolores no fueron sino olvidados a los días,
que los placeres y la risa satánica, 
calaron más hondo que todo lo demás,
destruyendo a su paso, las lágrimas olvidadas en el tintero.

Desde las pequeñas caminatas solitarias por providencia,
esas que sentías necesarias para despejar la mente,
el cigarrillo que te acompañó, 
aquel que nunca se apagó.

Hasta los cafés que tomaste en Lastarria,
junto a nadie más que tu,
porque empezaste a darte cuenta, 
que no necesitabas a nadie.

Y finalmente sonreíste, 
porque si te toco pasar por los momentos más duros,
al menos viviste para contarlos.


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