Se me nublaron los ojos y se me cayeron unas lagrimitas,
se me apretó el pecho y se me secó la boca,
pero esta vez no me juzgué,
no me reté mentalmente,
tampoco pensé en lo mal que era tener pena,
más bien me entendí,
me abracé,
me hice cariñito,
y lloré con más ganas.
Voy a ser vulnerable hoy,
voy a llorar todo lo que quiera hoy,
no está siendo tan fácil,
y no tengo porque callármelo todo.
Mañana veré como estoy,
porque no tengo porque estar bien de un día para otro.
Después de toda mi autoexigencia,
y todo lo que me he propuesto aprender rápido,
también tengo que aprender a estar mal.

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