26 jun 2026

Come on, give me news.

Hubo una noche en diciembre.
Una noche en la que escribí palabras bonitas sobre sentimientos bonitos...
Pero que nunca llegaron a puerto.

Esa noche mis lágrimas fueron secadas por unas manos cálidas, observadas por unos ojos claros y respondidas con una sonrisa gentil. Dormí abrazada a ese ser como si fuera mi ancla para no perderme. Como si, por unas horas, hubiera sido mi clotiazepam en medio del naufragio.

Durante mucho tiempo pensé que una infidelidad solo podía ser carnal. Besar otros labios. Acostarse con alguien más. Con el tiempo entendí que la fidelidad no siempre se rompe con un simple beso y que mi corazón ya había empezado a irse.
Porque mis risas ya eran de otro.
Porque mi tranquilidad descansaba en una presencia diferente.
Porque mis miedos, mis ideas y hasta mis silencios ya no le pertenecían a quien decía amar.
Comprendí que esa intimidad, la que protegí durante tanto tiempo para la persona equivocada, había encontrado refugio en alguien más.

Y entonces me pregunté:

¿Pequé de ingenua por entregarme a mi propio bienestar?
¿O pequé de estúpida por haber entendido tan tarde dónde estaba realmente mi fidelidad?

Questions... Questions...

Supongo que ahora ya no importa demasiado, sé que me acostumbré al dolor y eso fue lo que dificultó mi salida.
Pero la autocrítica siempre aparece cuando la lupa apunta hacia mí, aún si puedo ser la victima, también fui mi propia abusadora.

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