20 abr 2017

Otros cantares

No escribo porque quiero ser leída,
escribo porque las letras son la pintura del alma,
del alma que no sabe de otra cosa,
que buscar un signo en los ojos pequeños del espejo.

Aquella única señal que necesitaba,
para decidir si seguir o retroceder,
no apareció.
Pero su luz me avisaba del tren con retraso,
aunque no quise esperar porque dolía,
dolía en el vientre, en la cabeza,
como sus palabras que cortaban como cuchillos,
y de la incertidumbre de no saber nada.

Que mal gusto el de buscar en otros cielos,
lo que las nubes le mostraban sin dudar.
Me recordaba a ese infinito mar rojo,
su gusto indescriptible por la miel, 
y a todas las cosas que se perdieron en el atardecer.
Pero él supo que las sirenas tenían cierto cantar,
y que no nos libramos de los tontos de siempre,
cantando sus canciones libidinosas cerca de la oscuridad,
su voz no tenía, la afinación que yo requería.

Y se pregunta cada día, 
por el cambio de acera de los pasos rápidos,
que cruza y camina nuevamente,
que se devuelve y se arrepiente,
alejándose con sus golondrinas desdichadas.
Luego vi en el faro su ilusión,
y en ella el cariño de una mujer terrible,
su aura extraña y su sonrisa falsa,
carcomían mi corazón y aún así yo le sonreía de vuelta,
porque no sé más que sonreír. 

Así reflexiona el alma ¿Quién me ha robado los 9 de cada mes?
robados para echar vinagre en las heridas,
con los ojos cerrados para no ver la verdad,
con la boca muda para no escupir los insultos,
que desesperados tanto pugnan por salir.

Me hablaba entonces de otra persona,
con las manos tape su ruido porque me daba asco,
yo no quería otra memoria más,
que no fuera la suya sentado en mis piernas,
pero se manchó, quedo desgastada y la odio.

Este siglo tiene otras palabras, 
con otros cantares,
aquellos sobre los cuales no tengo el mínimo poder.
Son otras ilusiones, 
de caballeros huachos y sin alas,
con el desgaste de la palabra amor, 
que ya nadie sabe sobre ella.

Entonces vuelvo arrastrándome a mi centro, 
en donde me enfrento a todo con atrevimiento,
donde me encuentro de rodillas en una encrucijada,
con las amarras cortadas, 
y nadie que calle la verdad.
Deberé volar sobre el humo gris,
seré hoy, mañana ya veré...


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