Del ring de un celular viejo,
agotando las baterías hasta el final,
con un dolor en las costillas,
en el torso, en el pecho,
bailando con un corazón roto.
De indescriptibles palabras banales,
que no llegaron a nada, ni a un desenlace,
celebraron entonces la muerte de emociones inservibles,
sentimientos vacíos jamás necesarios,
y el poco vocablo de un alma fragmentada.
Se puso a reír entonces el viento,
miré con ojos asesinos llenos de cuchillas,
pero terminé riendo con el,
recargando el arma y esperando en la trinchera la próxima guerra,
un minuto más o menos,
y solo quería colgar.
y solo quería colgar.
La vergüenza de cada palabra proferida,
de una en una se quemaron las vocales,
mirando anonadada a la puerta,
que quería correr y no parar hasta quedarme sin aliento,
sin aliento como sin oportunidades,
sin entendimiento, solo condescendencia.
Guarda las palabras que quedaron no dichas para la próxima vida,
quizás los oídos si quieran escuchar.

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