El odio,
el odio se me sube por las piernas,
me hace mantenerme de pie,
me hace suspirar,
apretar los puños y sonreír.
Del odio también puedo vivir,
también lo puedo respirar.
Y nunca lo esperé,
porque lo creía eterno, invencible,
pero el odio existe,
el odio me sostiene,
el odio me adormece,
me lleva en calma y me trae en rojo vivo.
El odio también me permite seguir aquí.
En torno a esta oscuridad llena de vacíos.
No se puede calmar este dolor,
desde mi retina todo lo que vivimos fueron lujos,
y quiero seguir recordándote empapelado en té,
sabiendo que te quiero ver, que te quiero hablar,
que eres fragmentos de sal y odio de cristal.
Que se rompe,
que no es real,
que en mis pulmones y venas,
basta solo tu memoria para llevarme a la nostalgia,
a la verdad,
de que no te puedo odiar,
de que solo deseo tu felicidad,
puede que lo lamente,
pero mi anhelo no engaña,
no te puedo odiar.
Pero con este dolor sin vencimiento visible,
el destino me demuestra eternamente,
que soy muy mala para desear el mal.
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